¿Qué es realmente la atención?

La atención es un proceso mental básico para el resto de la cognición. De esta capacidad depende que muchas otras se desarrollen adecuadamente (la memoria, el razonamiento…); es esencial para que cualquier aprendizaje se dé de forma fácil. Atender  es más que poder concentrarse y no distraerse. La atención no es unitaria, es un conjunto de procesos que, relacionados entre sí, contribuyen a unos objetivos. ¿A qué nos ayuda?:

A ser más precisos en la selección/detección de estímulos del ambiente: ejemplo:  coger del estuche el color carne que tiene punta en lugar del que está roto; a responder cuando es su madre la que le llama en el parque y no otra mamá llamando a su hijo. También de estímulos internos: identificar la sensación de vejiga llena. Ser más precisos en la selección de programas motores: concentrarse en cómo colocar los pies cuando se va andando por el bordillo.

A ser más rápidos en la detección de estímulos o en la preparación para la acción: darse cuenta de que la vejiga está llena antes de que sea demasiado tarde.

A mantener el procesamiento de estímulos o de conductas: es decir, mantener la atención durante el tiempo necesario. Por ejemplo mientras se ve una película.

Los procesos que forman parte de este sistema son:

  • Focalizar: permitir la entrada de la información en el sistema para su procesamiento o centrar los recursos en determinados procesos mentales. Sería como el foco de luz en un escenario, que te centra en aquello que es relevante. Cuando un niño está viendo su serie favorita, se “hiperfocaliza” y parece no ser capaz de atender a nada más; mucho menos a su padres pidiéndole que recoja los juguetes.
  • Filtrar, seleccionar o discriminar: según las características del objeto (intensidad, saliencia, valencia emocional, significado…) o del propio sujeto que selecciona (intereses, motivaciones, fatiga, etc.). La atención actúa como un colador, dejando que no pasen todos los estímulos de forma indiscriminada. También actúa como un facilitador que orienta hacia lo relevante. Un niño que está buscando a Rayo McQueen busca un coche rojo dentro de la caja de juguetes porque es con el que quiere jugar en el circuito de la copa pistón.
  • Orientar el foco atencional en el espacio (ya sea interno o externo). Mover el foco de atención en el escenario. Es como jugar a marco polo en la piscina o buscar la foto en la orla de la clase.
  • Inhibir: suprimir una acción cognitiva o superar la interferencia generada por un estímulo interno o externo.  Los niños constantemente saltan de un juguete a otro, se enganchan a cualquier novedad, cogen todo lo que hay a su alcance. Cuando los distraemos con otra cosa para que dejen de hacer algo peligroso o inapropiado, aprovechamos que no pueden dejar de engancharse a la novedad, a algo llamativo; aprovechamos la inmadurez de su sistema inhibitorio.
  • Concentración y esfuerzo: como mantenimiento en la tarea a pesar de los distractores, la falta de motivación o la fatiga (ver una película sin distraerse, hacer un puzzle completo o lavarse los dientes sin quedarse a medias.

Pero además existen otros procesos más complejos que intervienen en el acto atencional:

  • Repartir recursos cognitivos cuando se realizan varias operaciones mentales simultáneas.
  • Ejercer control sobre los procesos implicados en el acto atencional. Se necesita un supervisor que controle los cambios de atención, los cambios de objetivos, las interferencias.

Además hay un requisito necesario para la atención: una adecuada velocidad de procesamiento (tempo cognitivo) que permita, de forma eficiente, articular en el tiempo los procesos implicados. El tempo cognitivo hace referencia al ritmo, al dinamismo en el procesamiento de la información.

Habitualmente nos encontramos con que la atención tiene “tipos” (atención sostenida, atención dividida…), aunque yo prefiero entenderlo como diferentes manifestaciones de la atención en función del criterio que se esté manejando. Por ejemplo:

En función de la implicación de los procesos que hablábamos antes en la realización de la tarea se habla de: atención selectiva (seleccionar en función de alguna característica o localización, por ejemplo); alternante (cuando se tiene que estar cambiando el foco de atención entre dos tareas, como cuando cocinamos varios platos al mismo tiempo); sostenida (cuando es necesario permanecer un tiempo considerable en la tarea). En función de la modalidad sensorial implicada se habla de visual o auditiva (principalmente). En función del grado de control, voluntaria o involuntaria, etc.

Conocer esto nos ayuda principalmente a detectar dónde se pueden encontrar las dificultades en un niño o adulto (la afectación de la atención puede estar en un proceso y no en otro), o cómo diseñar las tareas para potenciar los diferentes procesos atencionales (ser específico en el tratamiento).

Como hemos visto, ya que en el sistema atencional intervienen multitud de procesos, es lógico pensar que no sea un sistema localizado en único lugar, sino pensar que esté sustentada por redes cerebrales ampliamente distribuidas –corticales y subcorticales- que interconectan diferentes localizaciones funcionales.

El desarrollo atencional irá a la par del desarrollo de ciertas estructuras y funciones. La maduración irá desde la atención captada por estímulos del entorno y con fuerte prevalencia de sistemas sensoriales, hasta comportamientos más complejos que impliquen mayor grado de control consciente e interiorización. Los recién nacidos comienzan a atender lo que sus sentidos les dicen (“mirada obligatoria”); poco a poco atenderán aquello que les “interese”. Es decir, la prevalencia de ciertas conductas atencionales se irán manifestando conforme la maduración de determinadas funciones en el niño. 

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